POR MANO PROPIA

Un proyecto de ópera en creación

de

José Vítores & Javier Andrade Córdova

Descripción del proyecto

La pandemia del COVID-19 ha intensificado en los países pobres las condiciones de injusticia social y ha develado la ausencia del estado y estructuras de una corrupción de rostro lacerante. En Ecuador, por ejemplo, mientras la pandemia ha asolado varias ciudades, que han vivido dantescas escenas de cadáveres insepultos y sistemas de salud totalmente colapsados, se han conocido ya varios casos de sobreprecios en la adquisición de insumos médicos y de bioseguridad. Las fundas de cadáveres, medicinas y vestidos de seguridad médicas han sido objeto de negociados, asimismo, se han descubierto casos de abuso de poder en el acceso a las pocas vacunas que han llegado al país, etc., mientras paralelamente se han agravado las difíciles condiciones de vida de muchos ciudadanos.

Por otra parte, la pandemia parece ser un tipo de amenaza que aparecerá cada vez con mayor frecuencia en un mundo asolado por la destrucción global de la naturaleza y los equilibrios climáticos. Hay señales de que no se resolverá totalmente convirtiéndose en un fenómeno endémico y de que otras infecciones podrán amenazar la vida.

 

 

El mito de Antígona y su reactualización

En este contexto, hemos tomado como referencia el mito griego de Antígona, una joven que se enfrenta a una orden de Creonte, el jefe del estado, contraria a las leyes de los dioses, de dejar insepulto a su hermano Polinices por haberse rebelado contra la ciudad.  En el argumento de esta ópera, Ana, una joven rebelde, lucha por encontrar a su novio y compañero de activismo, Paúl, quien ha sido apresado por las fuerzas de seguridad. Ana será también encarcelada y torturada por su participación en la rebelión, y durante su tortura conocerá informaciones sobre Paúl y otros activistas, quienes aparentemente se encuentran infectados en un hospital colapsado. Ana logrará escapar e ir en busca de Paúl, pero todo será inútil, no podrá encontrarlo, ni encontrar su cadáver. Sin embargo, Ana llegará a la certeza de que Paúl ha cumplido su destino al terminar convertido en “polvo mezclado con el polvo del pueblo”, su cuerpo ha desaparecido mezclado con otros miles de muertos anónimos que enlutan el país. Con los últimos restos de fuerza, pues en su empeño por encontrar a Paúl, Ana también se ha contagiado, decide hacer justicia por propia mano. Es así, que Ana cubierta con vestimentas de bioseguridad amenaza con suicidarse frente al hospital general si Cracio, el jefe supremo, no comparece ante ella. Cracio, por su parte, se encuentra envuelto en las angustias propias de su poder corrupto: permanentemente debe negociar con poderosos socios, hacer repartos, contentar a quienes lo sostienen y deshacerse violentamente de quienes lo confrontan. El aparecimiento de una joven que amenaza suicidarse frente al hospital general, justamente en el día de las celebraciones por el supuesto triunfo sobre la primera pandemia, diez años atrás, si bien desequilibra sus intentos propagandísticos, no deja de ser una oportunidad para lavar su imagen. Decide entonces acudir al llamado de la joven suponiendo que se trata de alguna sanitaria enferma que ha perdido los nervios. Su propósito es, frente a las cámaras televisivas, ejecutar un acto heroico y de compasión: tranquilizar a la joven, prometiéndole además el mejor futuro. Demasiado tarde comprenderá que se ha equivocado. Una vez allí, Ana arenga por las cámaras al pueblo a la rebelión, mientras se despoja de los aparejos de bioseguridad que esconden su identidad. Cracio, que en el últimos momento reconoce en la joven a la rebelde a quien hizo torturar días atrás, morirá de manos de Ana, quien cumple así su propósito de justicia, antes de caer acribillada por agentes de seguridad.

Dramaturgia

 

La obra cuenta sobre la búsqueda desesperada de justicia en un mundo sumido en la corrupción y el irrespeto a los derechos elementales. Esa lucha culmina en un acto ilegal pero no desprovisto en este caso de legitimidad: tomar la justicia por propia mano. Sin embargo, la ópera no pretende ser una invocación a la justicia por mano propia, sino la expresión del callejón sin salida, al cual han sido conducidos muchos colectivos humanos secuestrados por estructuras de poder sometidas a intereses alejados del sentido y el bien comunes. La obra pone en el tapete de la discusión un acto extremo como símbolo de la agonía a la que han sido conducidas sociedades enteras y reactualiza el mito de Antígona, como referente de un sensibilidad humana que se devela con particular claridad en la entereza juvenil para arriesgar la propia integridad con el fin de defender valores colectivos.

 

Se construye sobre la tensión protagonista-antagonista entre Ana y Cracio, configurada sobre un conflicto de rasgos personales, sociales y políticos que tiene un final trágico. Alrededor de estos personajes se configura un conjunto de apariciones coprimarias, Paúl, el novio de Ana, y Tiresia, el símbolo del pasado, que se aparecen en los sueños de los dos personajes principales, respectivamente, y develan sus contradicciones, miedos, y deseos. En tal sentido, Ana y Cracio son representaciones multifacéticas, no solo de heroísmo y villanía, sino de la complejidad humana, de sus fortalezas y virtudes, así como de sus debilidades e incertidumbres. La diferencia entre uno y otro está, por tanto, en el accionar consecuente de Ana en relación con sus certezas y creencias, mientras, por otro lado, Cracio es señal de la disolución de todos los valores en función del poder, frente al cual no es más que un mísero esclavo.

 

En épocas de crisis global, creemos que una obra debe descender a las bases de la humano y de los comportamientos sociales. La crisis nos obliga a enfrentarnos al vacío de la sociedad actual y a discutir valores comunes de humanidad, sin los cuales todos estamos condenados.

La obra está calculada para una duración aproximada de 1 hora y 30 minutos.

Composición

 

Desde el punto de vista del reparto vocal, Ana está construida para una voz de soprano con características de heroísmo juvenil. Cracio, por su parte, es un bajo-barítono de sonoridades amenazantes. Los acompañan: por un lado, Paúl, escrito para un tenor equiparable con la calidad sonora de Ana, pues ambos son dos rostros de una misma moneda, la de la juventud comprometida y aún dispuesta a la lucha y la utopía; y por otra parte, Tiresia, la voz del pasado, configurada para una mezzosoprano de rasgos dramáticos. Finalmente, los personajes secundarios son dos sanitarios y dos guardias, que podrían ser abordados por los mismos cantantes, un tenor y un barítono, pues no tienen apariciones conjuntas. A todos ellos se juntan personajes figurantes de corte puramente escénico.

 

La música se basa, en esencia, en la ya existente tradición de dramatizar el texto. El ensamble, que consta de solo diez instrumentos, genera una especie de “diálogo” con los cantantes, tratando de acentuar los picos dramáticos y el carácter de los personajes.

 

La composición no se basa en ningún método composicional existente de manera consecuente ortodoxa,  más bien utiliza varios de ellos, en combinación con diferentes estilos no tradicionales para la ópera, lo que le otorga cierto eclecticismo y sobre todo, una especial dinámica, ambos elementos enmarcados en lo que se podría denominar “clásico” en cuanto a la forma, pero sin obviar cierta experimentación, contribuyendo siempre de esa manera a acentuar el drama.

 

Instrumentación

 

1 flauta traversa, 1 oboe, 1 clarinete en si bemol, 1 fagot

 

Cantantes: soprano, mezzosoprano, tenor, barítono y bajo-barítono

 

1 violín 1, 1 violín 2. 1 viola. 1 violoncello 1, 1 violoncello 2. 1 contrabajo

 

Música electrónica

Por mano propia

Ópera en nueve cuadros

Música: José Vítores / Libreto: Javier Andrade Córdova

 

Personajes:

Ana, joven rebelde – Soprano

Cracio, jefe supremo – Bajo-barítono

Paúl, joven rebelde, novio y compañero de Ana – Tenor

Tiresia, el símbolo del pasado – Mezzosoprano

Sanitario 1 – Tenor

Sanitario 2 – Barítono

Guardia 1 – Tenor

Guardia 2 – Barítono

Camarógrafo, otros guardias, ciudadanos de la calle, curiosos – figurantes.

 

CUADRO I.

Tiempo Presente.

La plaza frente al hospital general.

Una joven cubierta con aparejos de bioseguridad amenaza, en medio de ataques de tos, con suicidarse si antes no comparece ante ella Cracio, el jefe de estado. Esta situación ocurre en medio de los preparativos de una gran celebración estatal por el triunfo sobre la primera pandemia, años atrás, y se roba la atención de todos los medios y las redes que trasmiten el hecho.

 

CUADRO II.

Retorno al pasado cercano.

Una celda subterránea.

Ana es torturada en un oscuro calabozo para que confiese los nombres de los cabecillas de la revuelta que incendia el país. Cracio, el jefe de estado, le da a entender que ha apresado ya a algunos, entre ellos a Paúl, el novio de Ana. Los jóvenes, que se encuentran infectados, se encontrarían custodiados en algún recinto del hospital general. Si Ana no cede, los abandonarán en algún descampado, para que mueran como otros cadáveres cualquiera y terminen en una fosa común. La joven, a pesar de su angustia, calla.

 

CUADRO III.

La misma celda en la noche.

Ana tiene fiebre y delira. Paúl se le aparece en el sueño. Le recuerda sus orígenes, el barrio del que salieron, sus luchas, y afirma que no importa lo que suceda, pues siempre seguirán juntos, ya que sus cuerpos se han alimentado uno del otro convirtiéndose en uno solo. Ana confiesa su miedo e intenta comprender lo que Paúl quiere decirle, mientras su propia afección crece, aparentemente está también infectada.

 

CUADRO IV.

Despacho gubernamental.

Cracio lleva más de una década en el poder. Lo mantiene en base a sangre y fuego y con la complicidad de poderosos socios, con quienes negocia telefónoicamente desde su despacho en medio de acuerdos de interes, chantajes y amenazas. Cracio les asegura que políoticamente tiene todo bajo control. Sin embargo, en ese momento, un agente llega con noticias alarmantes: la gente se rebela en las calles de varias ciudades.

 

CUADRO V.

Una celda subterránea.

Paúl aparece nuevamente en los sueños de Ana. Ha venido a despedirse y a pedirle que abandone su búsqueda y se salve. Cuando la imagen de Paúl empieza a alejarse, Ana se desespera y le pide que no la deje sola. En ese instante, un guardia la despierta violentamente para llevársela y desaparecerla. Ana se defiende y lo ataca con todas las fuerzas que aún le quedan, lo escupe y trata de agredirlo con sus dientes y uñas. En un momento en el que el guardia se descuida, angustiado por evitar un contagio, Ana lo desarma, y luego bajo amenaza, lo esposa a los barrotes. Con el arma y los elementos de bioseguridad que le ha despojado al guardia, huye.

 

CUADRO VI.

Habitación de lujo.

Cracio tiene una pesadilla. Su pasado le visita en forma de una anciana mujer, Tiresia, que viene a recriminarle su transformación: una vez fue un joven político con ideales, convertido hoy en un decadente tiranuelo. La anciana le advierte que ha sobrepasado ya el punto de no retorno y que solo le esperan tormentos. Cracio se despierta afiebrado y entra en pánico, pues cree haberse contagiado, en ese estado ordena telefónicamente que continúen con las torturas a los rebeldes apresados y exige a sus esbirros resultados.

 

CUADRO VII.

Un vestíbulo del hospital general.

Ana, cubierta por un traje de bioseguridad y con su arma, se ha abierto paso hasta el hospital general en busca de Paúl. Ha recorrido inútilmente habitaciones sumidas en el caos hasta llegar a un vestíbulo convertido en una bodega de fardos negros llenos de cadáveres. Sin ser vista, observa como unos sanitarios traen nuevas bolsas sin nombre y las abandonan junto a las otras. Una vez sola, Ana se atreve angustiosamente a abrir esos fardos, sin embargo no encuentra a Paúl. Las imágenes a las que se enfrenta son las de rostros deformados, igualados en el rictus de una muerte dolorosa, que, sin embargo, anonimamente los hermana. Piensa en Paúl y en sus visitas en los sueños, y presiente que ha cumplido su destino, más allá de donde esté su cuerpo, pues ya es polvo mezclado en el polvo del pueblo. Ana comprende, entonces, que su destino será hacer justicia con las últimas fuerzas que le quedan.

 

CUADRO VIII.

Despacho gubernamental.

Cracio se dirige a la ciudadanía frente a las cámaras televisivas y le invita a las celebraciones en marcha. Promete un pronto retorno a la normalidad, dado que las sombras terroristas que han amenazado la paz del estado han sido cortadas de raíz. Anuncia unas medidas económicas necesarias y asegura que, en el mediano plazo, el bienestar llegará al país. En medio de la alocución es interrumpido por un secretario que le informa al oído sobre lo que está ocurriendo en la plaza frente al hospital general. En efecto, las cámaras trasladan la transmisión a ese lugar. Cracio, comprende que la inoportuna situación, sin embargo, le brinda la posibilidad de limpiar su imagen, marcada por la corrupción y la negligencia indolente ante la enfermedad y la muerte, y anuncia públicamente que acudirá a tranquilizar a la febril joven, asumiendo que se trata de una sanitaria enferma que ha perdido los nervios.

 

CUADRO IX.

Retorno al presente de la obra.

La plaza frente al hospital general.

Cracio ha llegado al lugar vestido con aparejos de bioseguridad y ha ordenando que sus agentes de seguridad se mantengan a distancia, mientras él, acompañado solamente por un camarógrafo de televisión, que transmite toda la escena, se acerca a la joven. Ante la cámara, anuncia que los sueldos del personal médico no disminuirán, a pesar de la necesaria austeridad, y que el personal médico será el primero en recibir la nueva vacuna. Condescendiente, le pide a la joven que baje el arma y le asegura que él personalmente se encargará de su futuro.

Ana se dirige directamente a la cámara, como si hablara con Paúl, a quien agradece por los días felices y por haberle enseñado el camino de la resistencia. Luego, le habla a la gente que está mirando la transmisión y su discurso de despedida se transforma en una arenga: solo hay un camino para el hombre común: la lucha de todos los días para no dejarse arrebatar la dignidad. Acusa a Cracio de aprovecharse de la emergencia para asesinar a activistas, enriquecerse y continuar con la venta del país al mejor postor, mientras en la calle impera la muerte. Cracio sospecha ya de quién se trata, pero antes de que pueda hacer algo, Ana cambia la dirección del arma y lo apunta, y luego de despojarse de la mascarilla mientras afirma que: si tanto vivos como muertos son tratados como desechos, solo la mano propia es capaz de hacer justicia, descarga los proyectiles sobre la humanidad de Cracio. Unas ráfagas finales de los agentes de seguridad acaban, a su vez, con el frágil cuerpo de Ana.

Demos

 

1. Cuadro II. Fragmento. En una celda subterránea, Cracio tortura a Ana para obligarle a delatar a los líderes de una rebelión que enciende las calles del país.

'

2. Cuadro III. Fragmento. Ana sueña febrilmente en su celda. El espíritu de Paúl se le aparece para narrar que la muerte no podrá separarlos ni detener la lucha.


 

3. Cuadro VII. Fragmento. Dos sanitarios del hospital general acarrean cuerpos en fundas negras mientras discuten sobre la posibilidad de desertar. El uno se siente enfermo y cree que pronto terminarán ambos como fardos sin vida.

4. Cuadro VII. Fragmento. Ana debe comprender que no encontrará el cuerpo de Paúl, que aquel a encontrado su destino como "polvo mezclado con el polvo del pueblo". El suyo será hacer justicia.

 

 

 

En la grabación han participado:

 

En Colombia: solistas vocales. 

 

 

 

 

 

 

1. Espléndida_escena
2. Estamos_más_allá
3. No_has_pensado
4. Son_tus_gráciles_huesos

En Ecuador: vientos madera.

En Alemania: cuerdas.

Edición y masterización: José Vítores

Bios y contacto:

José Vítores

 

Nació en Guayaquil, Ecuador en 1962. Es compositor, productor, arreglista, guitarrista y docente. Realizó estudios musicales en el Ecuador, Alemania y España. Fue alumno de guitarra clásica del maestro Ryuhei Kobayashi en el Conservatorio Antonio Neumane de Guayaquil. Ha participado en seminarios internacionales de composición y música para películas en varios países europeos. Como ejecutante fue integrante del renombrado ensamble Cantango Berlin, con muchas actuaciones, entre otras, en la Filarmónica de Berlín. Obtuvo el título de Master in Arranging and Orchestration en la renombrada Berklee College of Music (edición online). Como compositor, sin embargo, se considera autodidacta. Ha escrito obras para orquesta, teatro, música de cámara y música para proyectos multimediales. Ha realizado con diferentes ensambles en Alemania varias grabaciones en CD y DVD. Algunas de sus obras han sido publicadas en Europa por las editoriales Verlag Neue Musik y Mesa Music Publishing. En su trabajo composicional y como arreglista ha colaborado con la Orquesta de Barro (orquesta juvenil de Perú), la Orquesta Sinfónica de Berlín, la Orquesta Sinfónica de Brandenburgo, el ensamble alemán Aventure (Festival Musicaviva 2012, Ecuador), Festival Ecuatoriano de Música Contemporánea, la orquesta Berliner Symphoniker, la Orquesta Filarmónica de Trier y los contrabajistas de la Filarmónica de Berlín Edicson Ruiz y Klaus Stoll. Es ganador del 1er Premio en la categoría de música instrumental en el concurso Song Expo Wettbewerb 2001 (Holanda). Su mini-ópera „Historias de Piratas“, para soprano, ensamble, música electrónica y proyección de video, incorporando poemas de Ana C. Blum y Y. Magrini, fue estrenada en Berlín el 2019. Actualmente trabaja en una segunda ópera de cámara. Es miembro del directorio de la Deutsch-Lateinamerikanische Musikakademie. José Vítores está radicado desde 1986 en Berlín, Alemania, dedicado a la composición y a la enseñanza.

Javier Andrade Córdova

 

Nació en Cuenca, Ecuador en 1966. Es dramaturgo, director de escena de ópera y teatro, y docente universitario. Se formó en el Conservatorio Nacional de Música y en el Teatro Estudio de Quito, y realizó una licenciatura y una maestría en dirección de escena en la Hochschule fuer Musik un Theater de Múnich, Alemania y una maestría en Artes del Espectáculo, en la Universidad de Sevilla, España. Fue director artístico escénico del Teatro Nacional Sucre y del Teatro Bolívar de la capital del Ecuador. Ha escrito y dirigido sus propias obras teatrales, entre las que se destacan “Crónicas del agua I”, "La inmortal" o “Ciudadanas celestes”, así como, los libretos para las óperas “Rumiñahui” y “La audición”. Como director, ha sido acreedor a un premio Foerderpreis del Concurso Internacional de Dirección de Escena y Escenografía, Ringaward en Graz, Austria. Ha dirigido espectáculos de ópera y teatro musical contemporáneo, dramas, performances y creaciones de teatro performativo, experimental y mutimedial. Algunas piezas representativas son: "Eunice" (estreno absoluto) de L. Salgado en Cuenca; "Cendrillon" de P. Viardot para el Gran Teatro Falla de Cádiz y el Teatro Villamarta de Jerez; España; “Narrow Rooms” (estreno asboluto) de A. Strauch y "Die Kluge" de C. Orff en Múnich; "Der Bekehrte Trunkenbold" de Gluck en Shenyang; "The turn of the screw" de Britten o "Les Mamelles de Tiresias¨de Poulanc en Bogotá; "Manuela y Bolívar" de D. Luzuriaga (estreno absoluto); "Tod im Grand Hotel", etc. Ha dirigido varios vídeos experimentales, presentados en festivales como la Wroclaw Biennale of Media Art, Polonia; el Festival de Cine de Múnich y el Doku, Film and Video Art Fest de Kassel, Alemania; el Festival Media Art Friesland, Holanda, etc. Sus performances y creaciones de teatro perfomativo y experimental han sido presentadas en: Casa de América​ Barcelona; Glyptothek, Museo Estatal de Plástica de la Antigüedad y Echtzeit-​Halle Festival de Múnich. Reside en Argentina y Ecuador.

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